Cap 16

Asentí y me desabroché el cinturón con alegría, me hacía mal.
Bajé del coche, no sin antes que Justin me tendiese una mano. Caminamos hasta la tienda de Jackson. El de la tienda de instrumentos.
- Pudes entrar si quieres... ¿eh?
- Gracias por traerme - le agradecí -.
Justin se quedó en la puerta, con los anteojos de sol puestos y el pelo tapado por un gorro. Se había desacomodado un poco la ropa, para no llamar la atención.
Entré en la tienda, y vi que la Gibson Les Paul valía ahora 1000 €, mis ojos se pusieron como platos.
- Sí, bajo mucho la Gibson Les Paul, Jessica.
Me giré, Jackson se encontraba ahí, como siempre. Con su pelo blanquecino y su vejez que nunca aumentaba, con los brazos abiertos en mi dirección.
Avancé lentamente con una sonrisa en los labios y lo abracé. Aunque el mostrador nos separaba, mis brazos llegaban a rodear su cuello.
- ¿Cómo tu por acá? - Dijo Jackson -.
- Bueno... Me apetecía volver. - sonreí - No estoy con mis padres, estoy en casa de un amigo.
- Ah - sonrió - ¿qué queres?
- No, nada, sólo pasaba a verte - sonreí -.
Sonrió. Estuvimos hablando 5 minutos más y me despedí. Salí a fuera y Justin ya no estaba. La verdad es que me asusté.
- ¡acá Jessica! - Dijo Justin -.
Estaba en la heladería, sentado tomando un helado de fresa con una sonrisa de oreja a oreja. Corrí hacia él y me senté a su lado.
- ¿Quieres un helado? Porque acá los hacen de muy bueno...
Sonreí, asentí.
Justin se levantó y con su helado, tal vez fuera a por el mío. Me senté. Miré al cielo... Hacía tiempo que no veía el sol de Canadá. Brillaba con su helado y mejor resplandor y a lo lejos se veían las montañas.
Estábamos en primavera, pero la nieve siempre estaba en las montañas y la heladería del hijo de Jackson (donde tomaba el helado) siempre estaba abierta en primavera. Las montañas, brillaban, lucían, eran las reinas del brillo más elegante posiblemente visto. Y todo se veía desde ahí. Desde la ciudad de Statford, a unos 90 km. Volver a mi casa era lo mejor que Justin podía haber hecho, además de perdonarme.
- Ya está - me dio el helado - ¿qué miras tanto?
- Las montañas.
- Te gustan ¿eh?
- Sí... - sonreí - Echaba de menos esto. Muchas gracias por haberme traído. - lo miré -.
Tenía los codos apoyados sobre las rodillas, y en una de ellas el helado. La mano libre, se acercó a mi mejilla y la piñizcó son simpatía. Sonrió y le devolví la sonrisa y me dio un beso en la mejilla. Sus labios estaban fríos y olían a fresa. Soltamos una carcajada, y continuamos mirando las montañas.
Cuando acabamos los helados, volvimos al coche.
- Bueno, esto solo era de pasada... En realidad quiero llevarte a otro lugar.
- ¿Qué lugar?
- Ya lo verás.
- aaah, dale Justin... - arrancó el coche - ¡Decimee!
- Estamos muy cerca, espera.
- Okk.
Miré por la ventana. Vi a las populares de mi ex instituto, iba con sus taconazos, sus escotes y sus remeras de manga corta. En fin, puede que la tienda de helados abriese. Pero... ¿Ir en manga corta en plena primavera? En California era pasable. Pero... ¿¡En Stratford!? Dios. Había gente que lo principal era su físico, el sexo y el dinero.
Otras (y creo que yo pertenezco a este grupo) prefieren la salud, la familia y el pasar un buen rato que recordarás siempre.
Fui pensando en todo lo que me había pasado en ese día. Creo que había sido el día más duro de mi vida. Y a la vez el más feliz.
Lo que si les aseguro, es que estaba agotada.
Me fui adormeciendo, y más cuando noté la cálida mano de Justin en contacto con mi mejilla. Mis ojos se fueron cerrando.
- Duerme, te despertaré cuando lleguemos.
Así hice, me dormí.
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Desperté, me froté los ojos. Comprendí y me percaté de que estaba en un sofá cómodo y agradable. Justin no estaba. Miré a todas partes.
Me quedé sin palabras. Mis ojos se llenaron de lágrimas cuando comprendí donde estaba.
Aquel sofá era dónde Chels se había tirado en plancha tantas veces...
La silla que tenía una gota de sangre en el almohadón, era dónde había llorado una semana antes de partir a Washington y Jack había estado a mi lado.
Una lágrima, sin aguantar más, se desbordó por mi mejilla precipitándose contra el suelo.
Mi casa...
Avancé por el pasillo de la casa, todo estaba como lo habíamos dejado. Excepto, porque Justin había levantado las persianas. Vi la habitación de mis padres. Ordenada. Limpia. Perfecta. Como siempre.
Me apoyé en el marco de la puerta y me entró nostalgia.
Deseaba que todo volviese a ser como antes...
Otra lágrima descendió por mi mejilla.
Pasé a la habitación contigua. La de Paula.
Los posters de My Chemical Romance, Guns ‘n Roses y Michael Jackson continuaban allí.
Me encantaría saber, que pasaba en ese instante en Washington.
Caminé hasta la habitación de Chels. Aún la cama estaba ahí, y posters de Hannah Montana y High School Musical.
Las lágrimas se iban a caer precipitadamente por mis ojos, así que opté por ir a mi habitación.
Abrí la puerta y vi a Justin durmiendo. Sonreí tímidamente, aunque él no me viese.
Me senté a su lado, y miré mi habitación. Sonreí con tristeza. Los posters seguían colocados tal y como estaban cuando marché. Miré a Justin, me senté al lado de su cabeza, y apoyé la mía en el cabecero de la cama. Sinceramente, me gustaba estar ahí a pesar de los recuerdos que permanecían en mi mente y que algún día llegarían al olvido. Era duro, pero gratificante volver.
Se movió y rodeó mi cintura con sus brazos y apoyó la cabeza sobre mis piernas. Sonrió. Y se quedó quieto. Sonreí.
Le acaricié la mejilla, parecía un auténtico ángel durmiendo...
Mi ángel.
Me agarró una mano, y la apretó muy fuerte.
Le seguí acariciando la mejilla. Parecía un ángel, sí, pero también un niño pequeño. Me recordada a Chels... Lo suficiente como para hacerme llorar. Una lágrima resbalo por mi mejilla y calló sobre la suya. Parpadeó un par de veces y se incorporó a mi lado. Me limpié las lágrimas a gran velocidad.
- Despertaste por fin - me dijo sonriente -, ¡eh! ¿Por qué lloras?
- No sé... Serán los recuerdos... Mierda, si es que soy tonta - me dije -.
- Eh, no eres tonta por llorar.
- Llorar es de boludos.
- Mentís... Escúchame, no pasaste una vida muy bien qué se digamos y éste no es tu mejor día. Tienes derecho a llorar..., es la mejor manera de desahogarse y relajarse. Expulsas todas las tensiones... Es bueno llorar cuando estás así...
Me abrazó y apoyé la cabeza en su pecho. Me besó la frente.
Me sentía tan idiota...
- Justin
- ¿Sí?
- ¿Por qué eres tan bueno...? - dije desesperada -.
- No te entiendo
- Pensaba que eras... Menos sensible. Ya sabes... Aparentas ser fuerte, sexy, un mujeriego todo profesional y convencido de saber cómo conquistar a una mujer. Creído, hablador, divertido... Original y bueno, tal vez complicado. Y tienes una confianza en ti mismo que no te lo crees... - rió - De alguna forma, eres leal... No me preguntes porqué. Sólo lo... Lo noto. - suspiré, volvió a reírse - Y queres a las personas de una forma tan... Exagerada.
- Me estás llamando Edward Cullen.
- Un Edward Cullen menos... Antiguo.
- Oh, entonces... ¿Gracias?
- Déjame terminar. - rechisté - Pareces ambicioso. Pero es que...
- ¿Qué?
- Te haces querer. Te aprecia todo el mundo, tal vez más de los que piensas que aprecian y más de lo que crees. Y tenes dinero.
- Gracias, querida.. ¿Ahora yo?
Me encogí de hombros.
- Eres especial Jessica.
- Vamos, super mega especial! - dije -.
- Sí, lo eres. Eres todo lo contrario que yo, que quieres que te diga. Sensible, no confías nada en ti pero bueno, ya te aclararé eso cuando acabe con esto, hablas poco, eres introvertida, e ignoras el amor en cierto sentido.Eres demasiado sencilla y siempre vas por el camino más fácil a pesar de que siempre sabes que es el incorrecto. Odias que te quieran. Sólo los que eres quieres, deseas que lo hagan y nadie más. Detestas los creídos, que se creen los amos del mundo, tal vez yo sea así. Pero coincidimos en algo..., eres leal, y quieres a las personas exageradamente. Eres el bien y el mal juntados de una forma única y exclusivamente en todo el mundo. Créeme, Jessica. Tienes la timidez, la diversión, tienes la habladuría, tienes la originalidad, tienes la confianza en ti misma... Aunque tu creas que no.Eres muy especial Jessica y me alegro de haberte conocido.
Me sonrió ampliamente y le di un beso en la mejilla.
- Gracias.
- ¿Por?
- Ser así.
- Om... de nada - dijo algo incómodo -.
Reí.
Nos miramos a los ojos, me rodeó con sus brazos, apoyé la cabeza en su hombro. Se había escurrido un poco para que nuestras cabezas quedaran más o menos a la misma altura.
Me agarro ligeramente por la barbilla, y bajó un poco más la cabeza. Me obligó a mirarlo.
Mi corazón latía a 120 por hora, y creo que se me iba a salir del pecho, esa sensación...
La había vivido antes.
Rápidamente puso las manos sobre mi cintura y me atrajo más a él, me agarro del cuello y me besó en los labios. Era un beso lleno de rabia, temor, y húmedo. Posé mis manos a ambos lados de su cara, acariciando sus mejillas de niño pequeño. Separó su cara de la mía, y con los ojos a punto de caerle lágrimas por ellos, sólo me dijo dos palabras.
Las palabras que tanto tiempo llevaba esperando, las que había deseado oír salir de su boca cada noche que soñaba con el mismo momento, el mismo instante, el mismo sentimiento, con él.
- Te quiero.
Mis ojos se llenaron de lágrimas y lo único que hice fue abrazarlo con mucha fuerza y llorar en silencio, tanto lloré y tanto estuve abrazada a él, que los músculos no me respondían.
Su olor, su calor, sus palabras, su respiración... Todo lo tenía entre mis manos, y las dos palabras más bonitas, perfectas y singulares del mundo, habían salido por fin de aquella boca tan perfecta y sexy que tenía.
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Holaa chicas!!
aqui se acaba el cap bueno queria daros todas las gracias por vuestro coments :)
bueno espero que os haya gustado el cap ;)
comentad muxoo chicas! ;D
kisses
angela! ^^

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